Estas actividades fuera del horario escolar inciden de manera positiva siempre que no ocupen más de 10 horas y media a la semana, según los expertos

A caballo entre una actividad educativa y lúdica complementaria y la respuesta a una inexistente conciliación laboral encontramos las actividades “extraescolares”, actividades programadas fuera de la jornada escolar oficial que buscan la mejora del rendimiento pero también el esparcimiento. Sobre si es recomendable o no que los niños y adolescentes ocupen más horas en el día en actividades dirigidas, las opiniones son diversas. Una investigación publicada en EJIHPE en 2013 por miembros de la Universitat Autònoma de Barcelona y de la Universitat de les Illes Balears, concluía tras analizar los datos de más de 700 alumnos de primaria que las extraescolares inciden de manera positiva siempre que no ocupen más de 10 horas y media a la semana. Resultados similares obtenía el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Córdoba con una investigación previa de 2006, en esta ocasión con alumnos de Educación Secundaria. Planteaban en sus conclusiones la necesidad de futuras investigaciones dirigidas al análisis de las actividades por tipo y tiempo de dedicación. “Se debe establecer qué número de horas son razonables, qué actividades son compatibles y/o complementarias a las escolares y determinar los límites de la sobrecarga que puedan producir estrés en el alumnado”, señalaban.

Profesionales como Júlia Pascual, psicóloga y directora del Centro de Terapia Breve Estratégica, consideran este tipo de actividades una práctica innecesaria si no existe un deseo previo por parte del niño pero también si no somos conscientes de sus necesidades. “Si el niño no lo desea las actividades extraescolares pueden ser contraproducentes. Y no sólo si el niño no lo desea, porque puede ocurrir que no tenga claro lo que quiere. De niños estamos construyendo lo que queremos y no queremos, por eso es fundamental que los padres pasen tiempo con sus hijos y sean sensibles a las necesidades del niño”, explica. Para que una actividad extraescolar sea disfrutada, Júlia Pascual recomienda que no se contemplen al menos hasta los tres años de edad. Después, y hasta los seis años, considera más aconsejable que prime el juego libre o en familia; y a partir de entonces la actividad que el niño o adolescente desee practicar, manteniendo siempre el equilibrio entre el tiempo libre, las actividades dirigidas y el juego libre.

Opciones para todos los gustos

En la actualidad, la oferta pedagógica de los colegios es tan amplia y diversa que para muchas familias las actividades extraescolares son una forma de compensar aprendizajes. Según Júlia Pascual, lo ideal es que si en un colegio trabajan más el área científica se puedan plantear actividades extraescolares más humanísticas, por ejemplo. Eso sí, advierte que aunque pensamos que los niños son como “esponjas”, y pueden aprender cinco idiomas si hace falta, debemos tener siempre presente qué otras oportunidades se están perdiendo, como “que el niño “respire” y tenga tiempo de autoconstruirse.

 

Diana Oliver

 

Fuente:

https://elpais.com/elpais/2018/09/11/mamas_papas/1536671849_220543.html